La Alegoría de la cámara fotográfica.

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Al principio, solo tenía un lente de una cámara fotográfica; no eran gran cosa, pero era mágica. Me daba suficiente alcance y visión de lo que, al menos, precisaba ver.  Me gustaba simplemente quedarme a la expectativa de que pase algo increíble. Muchas veces aparecían cosas, así como cuando miras el cielo y pasa una estrella fugaz. Pienso que un lente mágico es el primer juguete que todo niño trae al mundo, esa capacidad de observarlo todo y querer saberlo todo. En su momento, yo no era consciente de que tenía un lente en mi mano.

 Sin saberlo, mi lente tomaba protagonismo a partir de las 5.30 am, coincidiendo con la hora que abría los ojos para ir a la escuela. En ese horario sentía la sensación de abrir los parpados como si fuese la primera vez, símil a despertar de un estado criogénico. Dormir era un acto extraño que gran parte de mi vida no tuvo mucho sentido, no entendía porque cerraba los ojos en la noche y al cabo de unos segundos los volvía abrir escuchando a mi mama decir: “Ya es hora de levantarse”, lo más peculiar era que en esos ridículos segundos cabía toda la noche y la madrugada. En su momento me quise volver matemático para tratar de entender la dichosa situación, pero pasaron los días, las semanas, los meses y finalmente los años; terminé en la conclusión que la matemática no era lo mío y lo supe desde entonces. Afuera todavía era de noche, algunos pajaritos comenzaban a cantar. Recuerdo la frase típica de mi madre: “Tapate los ojos que voy a prender la luz”, sabía que por eso, ya era hora de despertarme y que al menos me reconfortaba los 5 minutos más. Generalmente dormía todo tapado, hasta la cabeza, me gustaba sentirme como adentro de una bolsa, asi como refugiado en mi cueva. Mientras estaba acostado en la cama, reposado en la almohada; amaba mirar las cosas con un giro incluido. En los primeros segundos de ser consciente de mi existencia, escuchaba los latidos de mi corazón; respiraba profundamente, y daba el salto de valor para salir de la cama, era todo un proceso secuencial con sus protocolos correspondientes. Recuerdo quedar sentado en la cama, en un estado meditativo profundo, claro… para mi mama era volver a decirme “Ya es tarde, anda a bañarte”, ella pensaba que me había dormido nuevamente. “Bueno está bien, quizá en la ducha pueda seguir mi meditación” – pensaba yo.  Aunque nunca utilice realmente la palabra meditación.

Sentía las gotas de agua en mi cara, como una lluvia de estrellas que me invitaban nuevamente a soñar. Era interesante aquel momento, porque me hacía reflexionar nuevamente sobre el enigma de mis sueños. “Quizá este soñando despierto” — decía yo pensativo y en un estado hipnótico. Al momento de cerrar la llave de la ducha, iba hacia el espejo todo vaporizado, y lo limpiaba con mis manos, el cuarto del baño parecía un sauna vapor. Al limpiar el espejo, iba viendo el reflejo de mis ojos, ¿será esto un sueño? Le preguntaba a mi reflejo, mientras observaba la realidad que sostenía mi cuerpo. La secuencia de ir a la escuela se convertía mas bien en una colección fotográfica, pero en este caso, ninguna foto era revelada, era una foto fugaz, así como aparecía; se iba. El lente por sí solo no podía retener el instante para un posterior análisis. Existían muchas cosas que en tiempo real quizá no veía, pero en su momento no sabía que me estaba perdiendo de una lluvia de cristales.

Al salir de la ducha me esperaba el desayuno, era algo simple, un té con galletitas o una leche con chocolate. Este momento era sentir una pausa, era otro de mis momentos favoritos porque parecía que las agujas del reloj se derretían con mis sentidos. Nuevamente el lente, termina involucrándose en mis instantes, sin ser consciente de ello, solo sabía que detrás de las cosas, de esas cosas que se aprecian con los cincos sentidos, el lente lograba acertar a la grieta donde deviene al mágico encuentro con el otro lado de las cosas y por ende lograba un terremoto en mi existencia.

La imagen se dibujaba en el instante para luego al siguiente segundo ser otro instante. Era como tener los negativos de una cámara fotográfica, todas las secuencias iniciales de lo que fue y lo que es, ahora, en un rollo imaginario. Antes de tomar el té caliente, contemplaba el vapor que sale de la taza, parecía ser como una danza de la propia melodía. Es curioso, como comenzaba a notar que algo tan cotidiano, terminaba siendo un momento de reflexión o meditación. Comencé a sentirme muy agradecido por tener un aprendizaje con algo tan simple. Me sentía acompañado, me sentía en casa.  Ese era yo, a travesando la grieta de la lógica, para entrar en mi propia lógica. Quizá los actos del desayuno solo duraban unos 5 minutos, para mí era suficiente el tiempo para disfrutar al máximo la dichosa situación. Esos 5 minutos ya eran parte de mí y existían en mí, llegando a estar en mi tejido tridimensional.

Estuve tan feliz, tan alegre, no tenía nada, pero lo tenía todo, ¿recuerdas? Me costaba todavía creer en mí, apenas descubría mi nombre en la historia, como más adelante, cual era mi rol y mi personaje. Después de desayunar me limite a dar un suspiro y salir por la puerta, recuerdo el viento en mi cara, puedo contemplar todavía a ese niño caminando sin saber a dónde caminaba. Nuevamente el tiempo se ralentizaba y yo culminaba en otra realidad, básicamente era mi realidad un estado de latencia. Al parecer mirar a través de un lente mágico determina coexistir en dos tiempos totalmente distintos, si bien el mismo cuerpo, digamos, está en el tiempo 1, el sentido de la visión termina fusionándose con la percepción vibracional de mi existencia, y con ese curioso lente, todo concluye siendo el abordaje al tiempo 2, por esto mismo el individuo, así como yo, comienza la crisis y la ruptura de la grieta para convertirse en una puerta o portal hacia lo que yo hice como mi hogar.

Me detuve en la esquina mientras el semáforo estaba en verde, tenía que a travesar la plaza por el medio. Todavía era de noche, había mucha niebla y de a ratos podía observar algunos murciélagos sobre volando mi cabeza. Caminar, ya no era solo caminar, era también observar los pequeños acontecimientos que pasaban a mi alrededor, yo lo veía como pequeños cuentos que se acoplaban a mi historia o planetas a mi orbita. Sentía intriga mientras continuaba el recorrido a mi escuela, las calles todavía estaban oscuras y solo tenía a mi sombra que me acompañaba en algunas zonas de las cuales, parecía un pueblo fantasma. El camino a la escuela vistió la palpitación de algunos sentires que rondan actualmente mi diástole. Antes me sentía agobiado mientras recorría las calles con miles de personas, ahora es retornar a la ciudad fantasma, a esa que recorría en mis tiempos escolares. Siento que muchos momentos mi vida se mesclan, se separan y vuelven a mezclarse, es inquietante la situación de verme en el tiempo, parece como si estuviese muerto existiendo solo de recuerdos y fragmentos de una historia desperdigadas por el viento como una hoja seca, al mismo tiempo me siento tan vivo que puedo sentir mi piel, es una piel antigua que ya sigue el proceso de erosión, finalmente quizá ya he muerto y estoy en el limbo, en la espera de volver a nacer, quizá ahora solo es mi pupila recordando todos los instantes de mi vida en un segundo.  

La cámara fotográfica, no existe en la materia. Todas las piezas persisten en otra realidad, la comunicación con cada fragmento conlleva a lectura, esta puede ser que sea temporal o constante, la constancia se determina cuando la comunicación es parte de tu existencia. Vives allí como vives aquí, las realidades se juntan, y quedas en el medio, justo en el nudo donde se cruzan los hilos, donde se hilvana el telar hacia la otra tierra.

Eran muchas cuadras para llegar a mi escuela, al estar cerca de la última cuadra, sabía que, doblando en la esquina, me esperaba el incómodo momento de integrarme de lleno a la sociedad del cual yo no me sentía parte. Fui un chico solitario, me sentía así cuando me daba cuenta que lo que yo veía era otras cosas ¿acaso los demás perdieron sus lentes? Me sentía afortunado, pero también algo triste. Igualmente, siempre me sentí acompañado, los acontecimientos que pasaban a mi alrededor eran infinitos, de esta manera sentía un agradable entrenamiento, nunca fui de aburrirme, incluso cuando no había nada a mi alrededor.

Suspiro, abro los ojos y miro frente de mí, ¿Qué hago aquí?, ¿Quiénes son ustedes? Tenía muchas preguntas, quizá por eso me gusta caminar, utilizaba ese momento para reflexionar, aprendí a meditar sin saber que meditaba, una meditación en movimiento, en medio del caos, del ruido, del silencio, frente de miles de personas hablando al mismo tiempo, en el mismo lugar. Me dediqué a caminar, y desde allí nunca más me detuve.

Toco el timbre para el recreo; la pausa entre medio de las clases. Yo no pausaba, mi existencia continuaba a pesar de cualquier campana, fui tan inquieto en la quietud de mi asiento, de mi mirada, de mi silencio; solo era la capa más superficial de lo que era en verdad, la tierra donde yo caminaba. Casi no hable con nadie, es que … nadie estaba allí, hubiera sido una sorpresa encontrarme a alguien y decirle ¿Hola quién eres? ¿Qué haces por aquí? ¿Cómo entraste?

Siendo los últimos minutos, preparaba mis cosas, tomaba mi mochila, y esperábamos la señal de retirada. Otro día mas, mi esperanza estaba allí en la espera de encontrarte, y sabía que no iba ser casualidad. Yo sabía que andabas por allí, te sentía de algún modo, como un aroma o un color. Algo me decía que también caminabas, que tenías un lente, y que podías verme. Estuve esperándote, me mantuve ansioso largo tiempo, como también comprendí que ya no tenía solo un lente, sino una cámara fotográfica, capaz de capturar cada momento, retener una estrella fugaz y contemplarla todo el tiempo, de ancho a largo.

La capacidad de detener el tiempo en un fragmento de espacio era inigualable. Así comienza la fotografía de mi alma en el espiral de la historia, para luego, abrirse el abismo en mis pies dejándome olvidado por mucho tiempo hasta mi muerte ¿A caso hay alguien allí?

El árbol ya no estaba más, sus hojas se secaron, también la corteza y la madera, parecía totalmente muerto, sin vida, sin esperanzas. Nadie vio la raíz, yo tampoco la vi, todo quedo en estado de latencia. Al parecer un fragmento divino determino el nacimiento de un pequeño brote para emerger posteriormente de las fauces de la tierra. Acabo de cumplir 24 años y exhausto en el prado, junto conmigo se desperdigan las fotografías del otro lado de las cosas. Allí descubro tu silueta

¿Te encontrare alguna vez?

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Kevin Martinez
Kevin Martinez
La escritura es mi pasión, es la herramienta que utilizo para expresarme. Al abrir los ojos cada mañana, siento mi existencia a través de mis sentidos. Algo recorre mi cuerpo, mis huesos, mi espíritu, mi mente. No son solo letras, es una experiencia de vida y es lo que quiero compartir contigo. Si a alguien le ayuda lo que escribo ese es mi regalo. ❤️

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